Y tú, ¿mientes?

Noche. Vuelve la cerrada noche. Oscura, noche. Es 12, hay luna llena, no hay tanta oscuridad... ¿Era mentira? No, simplemente una verdad a medias. Entre la bruma y la densa niebla de la oscura noche de luna llena se oye un grito a voces suspirado. Un te quiero se deja entrever. Un "te lo digo a ti, mi amor" le acompaña, de la mano. Voy en su busca, pero, de pronto un abismo se abre bajo mis pies. Un mar completa su cauce de medias verdades. Turbias aguas, en las que se sumerge la gente. Gente que se hunde y poco a poco se ahoga en esas verdades a medias. Gente que rompe a llorar, lágrimas sinceras... Un mar muerto. Un mar de resacosas olas, olas que me confunden y me conducen poco a poco hacia sus adentros, hacia donde nadie puede salvarme. Un gran remolino que sale de ninguna parte se hace conmigo y consigue tragarme, me lleva a otro mundo. Un mundo donde el dolor y el desamor sólo existen en las películas de terror, donde la felicidad es el pan de cada día. Mágica utopía o quizá una verdad a medias, no sé, eres tú quien sabe mucho de esto último, ¿no crees?
El invierno con su característico clima árido y acalorado enfría las ya mencionadas turbias aguas de las medias verdades secando hasta la ultima gota de este mar, dejando a la vista la entrada de un bar, "Sal si puedes" me dicen esas luces de neón... qué razón, qué gran verdad. Me adentro en el tenebroso bar, pensaría que trataba de una tasca más si no fuese porque estaba vacía, completamente vacía y a la vez llena, llena de un ensordecedor fenómeno que alguno llaman silencio. Algo había en aquel bar que me ataba, que no me permitía salir, algo había...
Qué razón tenían aquellas luces de neón, qué gran verdad.