XIX

- Un café bombón, por favor.
Me siento otra vez en mi sitio de siempre. Clavo mi mirada en la enorme cristalera y me quedo obnubilado por mil tonterías que van y vienen, fugaces por mi cabeza. Llueve, y cada vez con más intensidad, así que decido entrar en calor y darle un sorbo al café. Uf, demasiado caliente, me he quemado los labios, así que decido ir a la barra a pedir un vaso de agua bien fría, vuelvo a sentarme, y mientras intento calmar mis quemaduras no lo consigo evitar, atiendo intrigado la conversación de la mesa de al lado. Tres chicas, de unos diecisiete o dieciocho años. Critican. Cruel y despiadadamente, critican. Como si nada, parece no importarles que hablan de otra persona, alguien que come, respira, y tiene corazón, como ellas, o puede que incluso más. Ella siguen a lo suyo, despellejando a conocidas, conocidos, no tan conocidas y no tan conocidos, a los novios de compañeras de clase, a otras amigas que no comparten ese café con ellas. Critican.
Y de repente una pregunta; ¿Qué dirá la gente de mí?

Dicen que digo tonterías, que no me sé controlar, que soy un poco borde y bastante enamoradizo. Dicen que me estreso por nada, que no tengo corazón, que me falta razón y me sobra el uso de la razón. Dicen que no llegaré a nada, que me estrellaré y la vida me pondrá en mi lugar. Dicen que critico, que peco de soberbia y miro por encima del hombro. Dicen que dicen. Dicen que digo.
Yo sólo sigo que me da igual. Que quiero vivir mi vida, sin pararme a pensar que dirán de mí, sin tener tiempo a hacerlo.
Digo que quiero vivir