XI

El suave te quiero que se susurra al oído con dulzura. El tacto de ese dedo remolón que recorre mi boca y de un salto en mi barbilla se desliza por mi cuello, bajando inocentemente por mi cuerpo. Lento. Pero sin querer detenerse. Con miedo. Con ganas.
El beso que me desgarra. Pasional. Me hace sentir como nunca antes. Que muerde mi labio. Que me deja sin aliento, sin conocimiento. Que me hace preguntarme porqué he estado perdiendo el tiempo.
Esa dulce boca que sigue el recorrido de aquel dedo, besando cada lugar que encuentra por su camino, con pequeñas muestras de cariño. Con pequeños te quiero no dichos y alguno que se escapa.
Una pícara sonrisa de complicidad rompe el hielo. Lo dice todo y no usa palabras. Nos hace sentir. Sentirnos vivos. Nos muestra tal y como somos, sin nada que esconde, sin complejos.
Ha sido una mágica noche. Nos dormimos abrazados, sin más ropa que nuestros cuerpos. No sentimos el frío. Cuando al amanecer vuelves a hacerlo. Te encuentro ahí, en mi lado de la cama. Sin nada más den que pensar. Me tienes a mi y te entretienes mirándome, sonriendo inconscientemente cuando piensas en los buenos momentos que aún quedan por venir. Me das tu mejor beso de buenos días.
Hoy será un día duro, varios viajes preparados. Mucho por ver, mucho por sentir. Una comida romántica en el campo. Más cosas que ver, más cosas que hacer. Que no quiero perder ni un segundo a tu lado. Que no dejas de abrazarme. Que el mundo está loco me dices. Que me tienes a mi te digo yo callándote con ese beso, uno de tantos, igual, pero diferente.
Vuelta a la noche. El tiempo ha pasado demasiado rápido. Y vuelve el suave te quiero que se susurra al oído con dulzura. Vuelve todo lo demás. Con algunas sorpresa preparada para ti. Que te hacen sonreír. Que te hacen sentir especial. Pero...
- ¿Y yo qué?
- Te quiero, mi amor.
- ¿Sólo eso?
- ¿Un poco...?
- No.
- ¿Bastante...?
- No.
- ¿Mucho...?
- Da igual, déjalo. No tienes porque entenderlo... Te amo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario