VIII

Una mirada huidiza intenta ocultarse. Timidamente mira hacia otra dirección, intentando no ser descubierta. En un vano intento pretendes mantener la mirada a la vez que hablas, pero una vez más la mirada intenta escaparse en otra dirección, a otro mundo, hacia nuevas ilusiones.
Crees que no se habrá percatado, que no se habrá dado cuenta de ese brillo especial, esa llama de esperanza, esa voz a gritos silenciada que irradian tus ojos. Unos ojos que aparentan ser más verdes que nunca antes.
Un look despreocupado. Una brillante sonrisa, y la mejor de tus colonias. No quieres dar pistas. No quieres que se dé cuenta tan rápido, pero las tontas risitas te delatan, porque hasta un ciego se daría cuenta. Aún así disimulas y finges falsos enfados que no dejan de ser más que tímidas muestras de afecto.
El tono sonrojado de tu tez te delata. La voz temblorosa. Absurdos temas de conversación. La mirada perdida. Repentina inocencia...
Algo ha cambiado, ¿no crees? Pero falta algo, no será tan fácil. Porque esta vez no, no será como las demás, esta vez falta algo. Quizá sea una muestra de afecto o quizá una pista. Quién sabe, pero esta vez te toca a ti.

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