V

Tarde. Bien entrada la madrugada piensas. El insomnio se apodera de ti sugiriendo la terrorífica idea de martirizarte una y otra vez con un sin fin sentimientos y emociones que no eres capaz de controlar. Sentimientos que se ven agudizados en el silencio de la fría noche. Angustia. Dura y despiadada. Penetra en ti. Ralentiza el tiempo. Volviéndolo todo a un color gris. Aflorando emociones aparentemente inexistentes. Sumido en una nube de preguntas sin respuestas ves la roja luz del despertador marcando las seis y veintitrés de la madrugada. Confuso das media vuelta en la cama. Tropiezas con tu móvil. Habías estado toda la noche esperando por un mensaje con él entre las manos. Esperando un 'te echo de menos', 'tengo ganas de verte', taz vez un 'te quiero'. Lo abres y con gran ilusión esperas encontrar el mensaje. Nada. ¿Se abrá acordado de mí? te preguntas. ¿Tendrás ganas de verme? piensas. Sigues con tus preguntas. Esperando un respuesta. Intentas ser positivo. Seguro que se ha quedado sin batería, te repites una y otra vez. Ya sin ilusión alguna dejas el móvil sobre la mesita, vuelves a darte media vuelta e intentas dejar tu mente en blanco esperando a que el sueño venga a por ti. Parece que hayan pasado tres días desde la última vez que miraste la hora y sólo han sido quince minutos. Quince largos y desesperantes minutos. Vuelven las preguntas. Vuelve la angustia de no obtener respuesta. Alcanzas otra vez el móvil y escribes un mensaje que sabes que no mandarás. Un mensaje que después de escrito borraras. Tienes miedo. Ganas de un abrazo. Ganas de un día juntos. De un beso tonto en la mejilla. Ganas de un beso robado. Ganas de sentirte querido. Tienes ganas de querer, pero sobre todo tienes ganas de sentite querido. Poco a poco ese positivo sentimiento hace que ese tono grisáceo de la habitación vaya adquiriendo su verdadero color. Y así pasan las horas. Sin una respuesta. Sin una muestra de afecto. Sin nada. En silencio.
De pronto sientes los primeros rayos de sol entrando tímidamente por la ventana. Dulcemente te despiertas. Te mueves de un lado al otro de la cama. Te encanta ese momento. Algo te extraña. Tropiezas con tu móvil, y tienes la sensación de haberlo vivido antes. Taciturno lo miras extrañado cuando al ver que tienes un mensaje nuevo se te ilumina la cara de oreja a oreja. 'Buenas noches imbécil'. Entonces piensas, haces memoria. Todo había sido un sueño. Una pesadilla.
Una disparatada ilusión de tu paranóica mente.

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