IV

De un sueño profundo mientras estás consciente te despiertas, miras a tu alrededor. Aturdido. Confuso. Miras uno de tus relojes. Tienes uno para ocasión. Uno para estado de ánimo. Hoy te has puesto ese. Ese que tantas otras veces te ha acompañado, que guarda secretos, que marcó la hora de los momentos más tristes, de los momentos felices. Taciturno te incorporas y te vas despertando poco a poco. Vuelves a la realidad. Sales de ese mundo imaginario que con esmero has creado, al que cuando no puede más evades. Grande, inmensamente grande, con cabida para todo lo que puedas imaginar. Libre, sin fronteras ni prejuicios. Alegre, donde están prohibidas las caras tristes, siempre alegre, pero totalmente idealizado. Sueñas. Te imaginas viviendo algún día en un sitio así. Sabes que si de verdad tuvieses las fuerzas y el valor lo harías. Pero no lo haces, te proteges así de inseguridad. No te atreves. No das el paso por miedo. Miedo. Tienes miedo, mucho miedo. Miedo a que no sea tan perfecto, miedo a que no sea tan grande, que no sea tan libre, miedo a que no todas las caras tristes estén prohibidas. Miedo a que una tormenta de verano descargue en él toda su ira, destruyendo así las anheladas ilusiones que sostenían los pilares de tu perfecto mundo paralelo.
Terminas de soñar despierto y te das cuenta de que hoy no es el día para ese reloj. No estás preparado para tantas emociones juntas. Lo dejas en su caja y coges otro. Un reloj moderno. Nuevo. Uno que nunca antes te habías puesto. Es un reloj llamativo, de acero, representa tu fortaleza. Justo terminas de abrochártelo y empiezas a verlo todo de un modo diferente. Cofianza. Cofianza, es lo que te aporta. Sientes como si empezases a olvidarte de lo superfluo de la vida, de tus miedos, de las inseguridades... Sí. Ese reloj tiene algo. Entonces, ¿por qué no lo usas siempre? Porqué si sabes que con sólo una tonta sonrisa puedes alegrarle el día a alguien dejas de hacerlo. ¿Por qué? Porqué no empiezas a vivir tu vida como si no hubiese un mañana, como a ti te gustaría vivirla... ¿Por qué no?

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