Y tú, ¿mientes?

Noche. Vuelve la cerrada noche. Oscura, noche. Es 12, hay luna llena, no hay tanta oscuridad... ¿Era mentira? No, simplemente una verdad a medias. Entre la bruma y la densa niebla de la oscura noche de luna llena se oye un grito a voces suspirado. Un te quiero se deja entrever. Un "te lo digo a ti, mi amor" le acompaña, de la mano. Voy en su busca, pero, de pronto un abismo se abre bajo mis pies. Un mar completa su cauce de medias verdades. Turbias aguas, en las que se sumerge la gente. Gente que se hunde y poco a poco se ahoga en esas verdades a medias. Gente que rompe a llorar, lágrimas sinceras... Un mar muerto. Un mar de resacosas olas, olas que me confunden y me conducen poco a poco hacia sus adentros, hacia donde nadie puede salvarme. Un gran remolino que sale de ninguna parte se hace conmigo y consigue tragarme, me lleva a otro mundo. Un mundo donde el dolor y el desamor sólo existen en las películas de terror, donde la felicidad es el pan de cada día. Mágica utopía o quizá una verdad a medias, no sé, eres tú quien sabe mucho de esto último, ¿no crees?
El invierno con su característico clima árido y acalorado enfría las ya mencionadas turbias aguas de las medias verdades secando hasta la ultima gota de este mar, dejando a la vista la entrada de un bar, "Sal si puedes" me dicen esas luces de neón... qué razón, qué gran verdad. Me adentro en el tenebroso bar, pensaría que trataba de una tasca más si no fuese porque estaba vacía, completamente vacía y a la vez llena, llena de un ensordecedor fenómeno que alguno llaman silencio. Algo había en aquel bar que me ataba, que no me permitía salir, algo había...
Qué razón tenían aquellas luces de neón, qué gran verdad.

XIX

- Un café bombón, por favor.
Me siento otra vez en mi sitio de siempre. Clavo mi mirada en la enorme cristalera y me quedo obnubilado por mil tonterías que van y vienen, fugaces por mi cabeza. Llueve, y cada vez con más intensidad, así que decido entrar en calor y darle un sorbo al café. Uf, demasiado caliente, me he quemado los labios, así que decido ir a la barra a pedir un vaso de agua bien fría, vuelvo a sentarme, y mientras intento calmar mis quemaduras no lo consigo evitar, atiendo intrigado la conversación de la mesa de al lado. Tres chicas, de unos diecisiete o dieciocho años. Critican. Cruel y despiadadamente, critican. Como si nada, parece no importarles que hablan de otra persona, alguien que come, respira, y tiene corazón, como ellas, o puede que incluso más. Ella siguen a lo suyo, despellejando a conocidas, conocidos, no tan conocidas y no tan conocidos, a los novios de compañeras de clase, a otras amigas que no comparten ese café con ellas. Critican.
Y de repente una pregunta; ¿Qué dirá la gente de mí?

Dicen que digo tonterías, que no me sé controlar, que soy un poco borde y bastante enamoradizo. Dicen que me estreso por nada, que no tengo corazón, que me falta razón y me sobra el uso de la razón. Dicen que no llegaré a nada, que me estrellaré y la vida me pondrá en mi lugar. Dicen que critico, que peco de soberbia y miro por encima del hombro. Dicen que dicen. Dicen que digo.
Yo sólo sigo que me da igual. Que quiero vivir mi vida, sin pararme a pensar que dirán de mí, sin tener tiempo a hacerlo.
Digo que quiero vivir

La cabeza me pide un respiro, el corazón vacaciones

Me fui para echarte de menos, me fui para volver de nuevo, me fui para estar solo. Mientras... ¿dónde estabas cuando te llamaba? ¿dónde estabas cuando mi voz se hacía tan pequeña que no salía y se ahogaba en una habitación o dentro de mí? ¿dónde estabas cuando te escuchaba palabras que no creías ni tú? Entre tanta mierda, dime, ¿dónde estabas tú?


XVIII

Después de una gran resaca, de demasiadas cervezas algún que otro cacharro y un par de chupitos. Después de una noche de juerga, de mucha risas y algún que otro tonteo. Después de caerme un par de veces en la arena, de confundirte con mil personas más. Después de volver a beber, después de beberme el mundo; pienso. Pienso. Y vuelvo a pensar. ¿Qué sería de mí si él no hubiese aparecido en nuestras vidas? ¿Qué sería de ti? ¿Qué sería de lo que antes llamábamos "nosotros"?
Pienso en si me sentiría igual que ahora, en si aún quedaría algo de vida, pienso en si seguirías llamándome mi amor Pienso en aquel futuro que habíamos ideado, en todos esos planes, en todas mis locuras. Pienso en cómo sentiría cada uno de tus te quiero, en cómo vería un te echo de menos. Pienso en ti, pero pienso un poquito más en mí. Pienso en qué pensaría yo al escuchar esas canciones, pienso en qué pensaría yo al escuchar "Si te vas". Pienso en tantas cosas. Y tú, ¿piensas? ¿Sabes lo que es ir por ahí rompiendo corazones? ¿Piensas? Sinceramente... no lo creo.
Pero, ¿sabes qué? Me da igual.
No pienso olvidarme de ti, ni de tus sucias palabras de amor adornadas con un te quiero, no pienso olvidarme de toda esa mierda, ni de los buenos momentos que vivimos al principio, esos en los que eras tú quien dependía de mí. No quiero olvidar, y no lo pienso hacer. ¿Quieres saber el por qué?
Porque me ayuda. Sí. Me ayuda. Me ayuda a darme cuenta de que valgo mucho más de lo que tú puedas merecer. Me ayuda a darme cuenta de lo tonto que he sido. Me ayuda a quererme, y lo más importante, me ayuda a no volver a caer en el mismo error, no volver a caer en brazos de alguien como tú. Y no me importa que estas palabras no te gusten, te hagan daño, o te enfades. ¿Quieres saber el por qué? Es simple, la verdad siempre duele.
¿Recuerdas cuando te dije que era un chico difícil? Creo que ahora soy el chico imposible.
Gracias, mi amor.

XVII


Un mes más. El veintinueve ya ha pasado. Tengo todo el mes para ser feliz. Tengo todo un mes para olvidarme de ti, para encontrar a mil mejores que tú. Tengo otro mes, tengo otra oportunidad. También tengo las ganas y la voluntad para dejar de sufrir, para que al llegar la mañana vuelva a tener ganas de salir de la cama, para volver a tener ganas de comerme el mundo... como solía hacer. Tengo un mes para verme en el espejo y volver a tener algo de autoestima, para valorar lo que refleja. Tengo un pedacito de mi tiempo para olvidar, para cavar entre mis recuerdos, para hacer un gran agujero, uno donde nunca encuentre lo que esconda, uno donde poder esconderte y que ya no me hagas más daño. Tengo tiempo para rehacer mi vida, para aprender alemán, para mejorar mi inglés y para practicar la pronunciación de un "ti amo"... tengo tiempo, porque nunca más lo usaré. Tengo el mes de Agosto para que al llegar Septiembre no piense qué será de mi al recordarte en Noviembre viendo venir Diciembre. Tengo un mes, luego tengo otro, y tengo muchos más. Tengo tiempo, soy joven. Tengo veinticuatro horas al día para empezar a pensar en ti menos de veintitrés. Tengo un mes para mojar mis heridas en alcohol, para empaparlas en agua, vinagre y sal.
Tengo doce mese por año, tengo muchos meses. Tengo un
mes para aprender a no trasnochar tanto y madrugar un poco más. Tengo un mes más para intentar levantarme. Tengo un mes para intentar no pensar en el Sur. Tengo tiempo.
Tengo todo el mes para no llorar. Tengo otro día tres, otro día dieciséis... pero también habrá otro veintinueve. Tengo un mes antes de volver a revivirlo todo, tengo que intentarlo.
Porque, al fin y al cabo, sufrir un día al mes no está tan mal, ¿no?

Una de sentimientos para mi acompañante, por favor

He muerto. Sí, has leído bien. He muerto. Te lo repetiré una ves más. He muerto... se ha muerto mi inocencia, mis ganas de vivir, mis ganas de reír, las ganas de salir, las ganas de sentir. Sentir con ganas, sentir porque sí. Sentir por sentir. Se han muerto todos mis te quiero, todos los que yo supe demostrar. Se ha muerto la sonrisa que tanto te gustaba ver. Se han muerto los dos ojos verdes, ya no quieren ver. Se ha muerto este pedacito de mi. Algo ha hecho "pum" y ha dejado de latir, ha dejado de sentir... en definitiva, los resultados del Dr. Amor han sido esos; he muerto. La confianza, sí, ésa también ha muerto. Esos pedacitos que volaron en mil pedazos al estallar lo que llevaba dentro se pudren, necrosis total, repitió el Dr. Amor, y parece que se extiende dejó entrever con su mirada, con su forma de hablar, con sus palabras.
Nunca he creído en la medicina, nunca he creído en ningún Dios en concreto. Nunca había hecho locuras, y tampoco me había arrepentido de ellas. Nunca he creído eso de que los fantasmas no existen, ni esas historias de que los políticos siempre dicen la verdad. Nunca he creído en mi... pero hoy no creo en tus palabras.

XVI

Otra vez, una más. De nuevo otra decepción. La vista se te empieza a nublar progresivamente. Sientes como si la cabeza te pesase, con un dolor grave, que la recorre entera pero que hace especial énfasis en las sienes. Se te congestiona poco a poco la nariz y cada vez te vas costando más respirar. Música triste, porque como todo buen masoca sabe... en los peores momentos esas canciones con letras desgarradoras nos hunden aún más en nuestra propia miseria, pero nos encanta escucharlas. Una foto, sí, y otra, y otra, y otra más. Un mensaje. Aquél te quiero que te alegro una tarde entera, que sonreías y no sabías porqué, que eras feliz. Recuerdos. Sonrisas. Promesas y planes. Un futuro roto. Empiezas a recordar todo, los buenos y los malos momentos, todas esas miradas, todos aquellos tontos detalles... sientes que tu vida se derrumba, se tambalean sus cimientos. No todo era tan de verdad. No todo era tan mágico. Y te sientes solo, en medio de ningún lugar, esta vez no hay nadie a tu lado. Sientes que tienes los ojos vidriosos. Te pesan. Y no, no quieres. Lo intentas, te muerdes un dedo y pretendes así hacer que se esfume todo tu dolor, pero no lo consigues. Tus ojos se salen con la suya. Están húmedos, y parece como si una lágrima quisiese escaparse, ajena a tus órdenes. Pero tú ya no mandas, ya no eres nadie. Tus opiniones ya no importan. Ahora eres siervo de ese viejo conocido, ese que siempre vuelve. El dolor. Siempre vuelve, es el único que no te abandonará, el que te perseguirá hasta conseguir hacer valiente a esa lágrima. Sí, estás llorando, y sientes pero aún. Lloras y lloras, lágrima tras lágrima. Pañuelo tras pañuelo. Pasa el tiempo y después de un rato te sientes algo más calmado. Te brillan las mejillas, pero ya no hay lágrimas, ya se han secado. Ellas también se han ido.
Vuelves a estar solo. Vuelve tu amigo.


XV

Si todo fuese diferente. Si no hubiera barreras, distancias o espacios, si volásemos como el viento. Si en vez de lágrimas llenásemos las medias noches con caricias. Si no fueses así de egoísta y pensases también en mi pobre corazoncito. Si no me dieses motivos para ser así; un maldito paranoico.
Si me dieses más alegrías y menos disgustos. Si todo esto no tuviese que caminar agachado, con miedo a ser descubierto, con pasa montañas y escondiéndose en cualquier lugar, si no hubiese nada que ocultar. Si tus verdades fuesen dulces y alegres cual payaso vestido de vintage con su naricilla pintada de rojo carmesí y no me hiriesen así. Si pudiera conciliar plácidamente el sueño en vez de torturar mil y una veces a esta cabeza que ya no sabe razonar. Si no yo no fuese tan pasional. Si la espera por uno de tus mensajes no durase días, sino minutos. Si al oír tu voz no se me erizase el vello y dejase de emocionarme como lo hago. Si no fuese tan inocente como soy y fuese un poco más granuja. Si mi añorado deseo de la última noche de San Juan ya se hubiese cumplido y no se demorase más. Si no fuese un día él y al siguiente yo. Si me quisieses sólo a mi. Si supieses ser fiel y no te dejases embaucar por los demás.
Si no fuésemos tú y yo. Si no fueses tú... no te querría así.

XIV

Que él era tan... que tú le quisiste tanto que... que cuando todavía lo recuerdas tú... que lo has pasado tan mal que... que fue el primero... pero, ¿y yo?
Te intentas engañar, que ya lo tienes superado, me dices. Que juegas conmigo, pienso yo.
Será mi último verano, me dijiste, quiero disfrutar, añadiste... pero, ¿y yo?
Estas fechas son especiales para mi, son muchos recuerdos, repites una y otra vez. Que aún sigo soñando con él, dijiste rompiéndome en dos mi débil corazón... pero, ¿y yo?
Me dices que me quieres, aunque cada vez menos. Que eres débil, me recuerdas en todo momento... pero, ¿y yo?
¿Piensas en mí cuando estás triste? ¿y cuando estás feliz con tus amigos, piensas en mí? ¿y cuando no estoy, piensas en mí? ¿y cuando te despiertas, quién es la primera persona que se pasea por tu cabeza? ¿y cuando te acuestas, con quién pretendes soñar? ¿piensas en mí como pensabas en él? ¿qué soy yo, un simple parche?
No mi amor, ya no más, prometo no más noches en vela, no más mensajes de buenos días ni tampoco de buenas noches, no más llamadas una noche de fiesta, no más tardes contigo correteando por mi cabeza. No mi amor, ya no más. No más de lo que tú vayas a darme. No quiero ser el que siempre dé más, el que siempre esté ahí mientras tú no estás. Quiero lo mismo que te doy. Y sí, puede que tengas razón, igual no eras lo que yo buscaba.
Abre los ojos, mi amor, abre lo ojos. Despierta. Sal de tus recuerdos, y por Dios, por favor te lo pido, valora lo que tú tienes y no sabes bien cuánto envidian otros.
Valórame, porque no mi amor, no creo que pueda aguantar mucho más así.

XIII

Regalaré aquellas entradas. Venderé todos mi recuerdos al mejor postor. Venderé papeletas para ver quien se queda con aquella noche, aquel abrazo, aquel beso. Invitaré al primer transeúnte a esa cena que te prometí. Me desprenderé de esos calzoncillos, de esa camisa, y de mi sonrisa. Perderé el miedo y miraré a los ojos de la gente. Regalaré mi cuerpo y puede que un poquito de mi amor a quien me llame "amor mío". Haré mis mayores locuras sin arrepentirme de ellas. Jugaré con corazones. Perderé la ilusión por hacer turismo, dejaré aparcados los viajes al Sur. Ofreceré besos sin compromiso, y puede que también empiece a fumar. No volveré a usar el italiano, y no, no iré a ningún país del noreste. Me raparé la cabeza, probaré el alcoholismo como estilo de vida, y quizás me cambie de nombre. Tal vez ya no me haga aquel tatuaje. Mis obras de teatro serán pésimas, y dejaré de escribir. No escucharé más a Sabina, me reiré para mis adentros de todas esas canciones de amores interminales, incombustibles. Sí, me dejaré barba y me teñiré de azul eléctrico. Desapareceré de internet, puede que también de España... quién sabe, igual me convierto al judaísmo. Cambiaré todas tus palabras de amor por polvos de Sábado, y cada "te he echado de menos" por una orgía. Me volveré culturista y nadie ma hará daño, me sacaré el corazón y lo guardaré en formol. No esconderé mi pasado, pero sí mi futuro. Seré cada día un poquito más bipolar, moriré siendo hippy, tendré también una época emo y me dedicaré a la vida contemplativa. Votaré, en blanco. Retomaré la equitación y me perderé con mi caballo en África. Iré a Rusia y me reiré de tu comunismo. Te llamaré el 29 de cada mes y haré como si no pasase nada. Mentiré porque sí, diré la verdad porque no. Dejaré de sentirme español, no usaré acentos, olvidaré mi Inglés...
No querré hacer nada de esto, no me dejes hacerlo. No me dejes.

XII

El sonido de esa antigua Vespa se deja oír por todas esas recónditas esquinas de las antiguas calles de esa mágica ciudad. Cae la noche una vez más. Una vez más París. Mañana Madrid. Pasado Milán. Oscuras son sus noches. Tenebroso es el suspiro que exhala ese súbito beso que me robas una noches más. Una vez más.
Unos ojos que piden a gritos llorar y no lo harán. Una sonrisa ya cansada pero que nunca se apagará. Dulces caricias en tu espalda, cansadas de tocar pero no que cesarán. Una carcajada fingida, pero una carcajada al fin y al cabo. Un te quiero que no supiste valorar y al que yo enseñé a andar. Como un chiquillo engordó. Empezó a gatear, y por muchos que tropezase siempre le quedaban fuerzas para volverlo a intentar. Pronto consiguió caminar, yendo de un lado a otro, haciéndose heridas, descubriendo nuevos lugares, nuevas sensaciones... imaginando nuevos lugares aún por recorrer. Inocente. Comenzó a hablar, a expresar cómo se sentía, a querer las respuestas de sus mil "¿por qué?", aunque no las entendiese. Sufriendo al saber que la es vida dura, aprendiendo de ella. Le enseñé lo bonito de todo esto, lo que debería hacer, cómo comportarse. Le enseñé a no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Conmigo aprendió idiomas. Le enseñé a esperar, le di consejos y le mostré alguno de mis trucos. Hice que aprendiese a reconocer sus defectos. Algo en lo que hice gran hincapié fue en la sinceridad, aunque con el tiempo estoy seguro de que se daría cuenta por sí mismo que la verdad, por muy dolorosa que pueda llegar a ser no se debe esconder. A no rendirse y a luchar por lo que uno quiere. Le enseñé a mirar por sí mismo, le quise hacer ver que no todo es siempre como en los cuentos de hadas, que la gente se va, que la gente miente, engaña, juega con nuestro sentimientos. Le enseñé a no obrar así. Le enseñé la libertad, pero también sus límites. Le enseñé a hacer locuras.
Como a mi propio hijo quise a educar a aquel te quiero al que un día yo enseñé a andar, el que fue fruto del amor, al que ahora le deseo lo mejor en su largo y duro camino.

XI

El suave te quiero que se susurra al oído con dulzura. El tacto de ese dedo remolón que recorre mi boca y de un salto en mi barbilla se desliza por mi cuello, bajando inocentemente por mi cuerpo. Lento. Pero sin querer detenerse. Con miedo. Con ganas.
El beso que me desgarra. Pasional. Me hace sentir como nunca antes. Que muerde mi labio. Que me deja sin aliento, sin conocimiento. Que me hace preguntarme porqué he estado perdiendo el tiempo.
Esa dulce boca que sigue el recorrido de aquel dedo, besando cada lugar que encuentra por su camino, con pequeñas muestras de cariño. Con pequeños te quiero no dichos y alguno que se escapa.
Una pícara sonrisa de complicidad rompe el hielo. Lo dice todo y no usa palabras. Nos hace sentir. Sentirnos vivos. Nos muestra tal y como somos, sin nada que esconde, sin complejos.
Ha sido una mágica noche. Nos dormimos abrazados, sin más ropa que nuestros cuerpos. No sentimos el frío. Cuando al amanecer vuelves a hacerlo. Te encuentro ahí, en mi lado de la cama. Sin nada más den que pensar. Me tienes a mi y te entretienes mirándome, sonriendo inconscientemente cuando piensas en los buenos momentos que aún quedan por venir. Me das tu mejor beso de buenos días.
Hoy será un día duro, varios viajes preparados. Mucho por ver, mucho por sentir. Una comida romántica en el campo. Más cosas que ver, más cosas que hacer. Que no quiero perder ni un segundo a tu lado. Que no dejas de abrazarme. Que el mundo está loco me dices. Que me tienes a mi te digo yo callándote con ese beso, uno de tantos, igual, pero diferente.
Vuelta a la noche. El tiempo ha pasado demasiado rápido. Y vuelve el suave te quiero que se susurra al oído con dulzura. Vuelve todo lo demás. Con algunas sorpresa preparada para ti. Que te hacen sonreír. Que te hacen sentir especial. Pero...
- ¿Y yo qué?
- Te quiero, mi amor.
- ¿Sólo eso?
- ¿Un poco...?
- No.
- ¿Bastante...?
- No.
- ¿Mucho...?
- Da igual, déjalo. No tienes porque entenderlo... Te amo.

X

No quiero ser el que siempre está triste. No quiero que nadie arruine mi estúpida felicidad. No quiero que nadie me diga lo que debo o no debo hacer. No quiero ser él que nunca ha hecho locuras por amor, pero tampoco quiero renunciar a mi vida. No quiero que sea como una triste canción de verano. No quiero preciosos poemas de amor, ni tampoco una gran cama llena de rosas. No quiero que sea como los de antes. No quiero quedarme sin ideas, ni dejar de sorprenderte cada día. No quiero ser un par de fotografías y tres te quiero, no quiero ser un triste recuerdo escondido en no se sabe qué recóndito y sombrío rincón de cientos de pañuelos empapados en lágrimas. No quiero romances de películas, ni grandes historias de amor en París. No quiero un candado más en aquel puente italiano. No quiero románticas cenas con vistas a la Alhambra, ni escapadas a las islas griegas. No quiero un atardecer en una paradisíaca playa de aguas cristalinas. Tampoco quiero ver tu cara cada amanecer, ni escribir más cartas de amor que sé que nunca enviaré. No me quiero volver a enamorar. No quiero eróticos versos escritos en francés, ni quiero oír hablar de esas noches juntos. No quiero ser tu primer amor No quiero volver a sonreír. No quiero nada, pero lo quiero todo. No quiero aprender italiano si no te tengo a ti para practicar un ti amo.
No quiero nada si no es contigo.
Quiero que la claridad de un día de Julio me despierte y ver que estás ahí, mirándome, tocándome el pelo, queriéndome. Quiero ser él que nunca olvidarás. Quiero ser tu último amor, y también quiero acostarme cada día con un tonta sonrisa dibujada por saber que me quieres. Quiero hacer las mayores tonterías que jamás he hecho. Quiero hacerte reír cada día de mis infinitas tonterías. Quiero que me calles con uno de esos besos. Quiero aprender mil idiomas para poder decirte un te quiero nuevo cada día. Quiero que en los días de fiesta me llames y me digas que me quieres, y quiero suspirar cada vez que oigo tu voz. Quiero que cada día sea único y vivirlo como si fuese el último de todos los que nos quedan por vivir. Quiero estar a tu lado en los momentos en los que nadie consigue hacerte sonreír y alegrarte el día. Quiero que nunca olvides mi forma de besar. También me gustaría inventar un lugar donde pasar contigo los días de mi corta vida, donde no tenga que esconder mis sentimientos, donde poder demostrarte lo mucho que te quiero. Quiero ese concierto contigo y mientras suena tu canción poder ver tu cara de felicidad. Quiero que no veas sólo verde en mis ojos. Quiero mensajitos por la mañana al despertarme y ver que de noche te acordaste de mi.
Quiero quererte, pero también sentirme querido.

IX

Grave es el dolor, seco y de cierto tono amargo. Intermitentemente el pinchado se apodera de tu estómago. Atento. Acechante. Listo para atacar, cuando menos te lo esperes. Dispuesto a mantenerte la noche entera en vela, despierta en ti una mayor lucidez nunca antes lograda. Temas antes banales, insignificantes se transforman ahora en un mar de preocupaciones. Aturdido, vivo, salvaje. Un mar incesante en la húmeda noche de luna llena, misteriosamente un pequeño velero aparece entre la tempestad.
La tempestad ha remitido y el pequeño velero parece estar ileso. Solo y perdido. El pequeño velero no sabe hacia dónde ir. Todo camino parece conducir a ninguna parte y ninguna parte aparenta estar lejos del anhelado lugar de destino.
Derecha e izquierda, noche y día. Nada se vuelve distinto, siempre lo mismo. Perdido en no se sabe qué lugar, rodeado de no se sabe qué, la tenue figura del familiar rostro de un extraño pirata se deja entrever en la densa niebla. Aparenta ser sabio, y nos advierte "no os fiéis de nada ni de nadie", tras una larga pausa en la que parece intentar recordar algo dice "dulce aroma y fría es la elegancia de una codiciada flor, una preciosa flor, que a nadie deja indiferente, pero, cuidado, la flor esconde minúsculos y afilados dientes deseosos de un sorpresivo ataque".
No confíes en nadie, tampoco en ti mismo, nos quiso dar a entender el sabio pirata antes de indicarnos, el que según él, era el camino idóneo hacia tierra. Rápido le comunico a mi capitán todo lo que el sabio pirata me había contado, pero el capitán desobedece su consejo, y se deja guiar por sus indicaciones.
Larga y dura travesía. Son ya varios días sin comer, y el cansancio de deja ver, nuestras fuerzas son cada vez menores. Altas voces, risas de alegría, "parece que hemos avistado tierra firme" dice el capitán, y así es. Pocas horas después desembarcamos, por fin, después de tanto tiempo, pisamos tierra.
Abrumado por preguntas y más preguntas. Preguntas de gente sin juicio alguno o razón, personas que consideran oportuno juzgarte, gente vacía, que encuentra como única forma de diversión el allanamiento de la privacidad de vidas ajenas.
Silencio. Sonreír. Recuerdos, muchos recuerdos. Lo único que nos queda, lo único que podemos hacer.

VIII

Una mirada huidiza intenta ocultarse. Timidamente mira hacia otra dirección, intentando no ser descubierta. En un vano intento pretendes mantener la mirada a la vez que hablas, pero una vez más la mirada intenta escaparse en otra dirección, a otro mundo, hacia nuevas ilusiones.
Crees que no se habrá percatado, que no se habrá dado cuenta de ese brillo especial, esa llama de esperanza, esa voz a gritos silenciada que irradian tus ojos. Unos ojos que aparentan ser más verdes que nunca antes.
Un look despreocupado. Una brillante sonrisa, y la mejor de tus colonias. No quieres dar pistas. No quieres que se dé cuenta tan rápido, pero las tontas risitas te delatan, porque hasta un ciego se daría cuenta. Aún así disimulas y finges falsos enfados que no dejan de ser más que tímidas muestras de afecto.
El tono sonrojado de tu tez te delata. La voz temblorosa. Absurdos temas de conversación. La mirada perdida. Repentina inocencia...
Algo ha cambiado, ¿no crees? Pero falta algo, no será tan fácil. Porque esta vez no, no será como las demás, esta vez falta algo. Quizá sea una muestra de afecto o quizá una pista. Quién sabe, pero esta vez te toca a ti.

VII

Aturdido. Confuso. Ensimismado en mis preocupaciones. Pensativo. Esta vez sin una sonrisa dibujada, dirijo una pérdida mirada hacia algún lugar donde el sol no me incomode. Una imagen sobrecogedora hace que me detenga en seco. Es un rostro que me resulta muy familiar. Un rostro que me recuerda a alguien, pero no consigo averiguar a quién. Es el rostro de un hombre joven, aunque algo desmejorado. Sus ojos verdes reflejan la tristeza y la desolación de lo que parece haber sido una corta vida marcada por el dolor y la decepción. De pronto, pretende incorporarse, pero tropieza y se cae. Rápido me acerco a él y le ofrezco mi ayuda. Parece que no haya sido nada. Afirma encontrarse bien aunque parece algo mareado, por lo que decido sentarme a su lado y hacerle compañía hasta que se haya recuperado. No parece muy hablador. Aún así consigo darle conversación.

- ¿Cómo es que me has prestado tu ayuda? - me pregunta aquel hombre.
- Cualquiera lo hubiese hecho en mi lugar - le contesto.
- Te equivocas. Hoy en día la gente está tan absorta en su vida, en sus cosas... no creo que mucha gente se hubiese detenido y le hubiese prestado su ayuda a alguien como yo.
- ¿Cómo tú? ¿Por qué dices eso?
- Mírame. No soy como los demás quieren que sea. No tengo una perfecta sonrisa, mi pelo no está a la moda, mi ropa está anticuada. La gente es así de tonta. Gente que luce sonrisas iguales, sin personalidad, cabellos de colores extravagantes, ropas que resultan incómodas. Mucha gente sólo muestra interés con alguien así. En cambio tú no eres así. Me has sorprendido. Eres diferente.
- Diferente, ¿yo? - pregunto sonriendo.
- Sí. Tú tienes una hermosa sonrisa como todos los demás, pero, sin embargo no la exhibes con aires de superioridad. ¿Por qué?
- Es simple. Sonrío cuando tengo motivos para hacerlo y me muestro triste cuando realmente lo estoy. Sonreír sintiéndote triste es un poco estúpido, ¿no crees?
- ¿Y a qué se debe el que hoy no sonrías?
- Bueno... no es por nada en particular, lo que ocurre es que no estoy pasando por una muy buena época.
- Te entiendo, no hace falta que te expliques si no te sientes preparado, pero recuerda esto: en este mundo hay tres tipos de personas; unos dicen te quiero y no saben demostrarlo, otro te demuestran diariamente lo mucho que te quieren pero son incapaces de decir todo lo que sienten, y por otra parte aquellos que ni saben decir lo que sienten ni saben demostrarlo. Hazte un favor, no hagas como yo, nunca seas igual que estos últimos infelices.

Me despedí de aquel rostro tan familiar y retomé mi camino. Aún más pensativo que antes. Todavía más ensimismado. ¿Quién era aquel hombre? ¿Cómo sabía a que era debida mi tristeza? Todo tipo de preguntas bombardeaban mi mente. ¿Cómo se puede no ser capaz de demostrar afecto a alguien que realmente te ama? ¿Por qué no se es capaz de demostrarlo? ¿Realmente estoy haciendo yo algo mal? Preguntas y más preguntas seguidas de un intenso dolor de cabeza.

Pasado el tiempo todas aquellas preguntas me siguen aturdiendo. Siguen sin respuesta. Siguen siendo verdaderas incógnitas para las que algún día alguien inventará una medicina capaz de ponerles remedio. Sólo una cosa me ha quedado clara. Aquel hombre. Esas ganas de vivir hechas añicos. Ese dolor reprimido. Todo ese amor que espera ansioso un destinatario. Aquel hombre no era ningún extraño. Ni siquiera era otra persona. Aquel hombre era una visión de un futuro no muy lejano.

VI

Siempre. Recuerda. Siempre hay alguien a quien le molesta verte feliz, que no soporta ver como las cosas te van bien. Alguien mezquino. Ruin. Envidioso. Corrompido por el odio y la avaricia. Sin vida propia. Alguien que disfruta viendo como sufres. En el que despertará el regocijo al ver tus lágrimas caer. Alguien que disfruta del mal ajeno. Una mala persona.
El tiempo no ha pasado en balde. Has madurado. Cada vez te ves más fuerte. Te convences a ti mismo de que todo lo que los demás digan no debe afectarte. Te convences de que eres mejor persona. Lo sabes; lo eres. Pero los demás no son tontos, sólo malas personas, por eso debes estar atento. No mostarte débil. Ser fuerte. Precavido. No muestres vulnerabilidad, de lo contrario aprovecharán esa ventaja para provocarte daño.
Herida tras herida. Decepción tras decepción. Te has hecho fuerte. Has madurado. Ya nada te afecta. Ni sientes ni padeces. Han conseguido de ti todo lo contrario a lo que pretendían. Te han vuelto un rival muy fuerte.
Pero, a diferencia de ellos tú no eres mala persona. No aprovecharás esta ventaja para vengarte. No, no lo harás. Simplemente contemplas apenado sus míseras vidas plagadas de odio. Envidia. Mentiras e hipocresía. Ves como se consumen a sí mismos. Como cavan su propio hoyo. Ves como todo se vuelve en su contra. De pronto se ven inmersos en todo aquello que antes habían cosechado. No pueden escapar, les falta fortaleza.
Entonces, ¿qué haréis ahora?

V

Tarde. Bien entrada la madrugada piensas. El insomnio se apodera de ti sugiriendo la terrorífica idea de martirizarte una y otra vez con un sin fin sentimientos y emociones que no eres capaz de controlar. Sentimientos que se ven agudizados en el silencio de la fría noche. Angustia. Dura y despiadada. Penetra en ti. Ralentiza el tiempo. Volviéndolo todo a un color gris. Aflorando emociones aparentemente inexistentes. Sumido en una nube de preguntas sin respuestas ves la roja luz del despertador marcando las seis y veintitrés de la madrugada. Confuso das media vuelta en la cama. Tropiezas con tu móvil. Habías estado toda la noche esperando por un mensaje con él entre las manos. Esperando un 'te echo de menos', 'tengo ganas de verte', taz vez un 'te quiero'. Lo abres y con gran ilusión esperas encontrar el mensaje. Nada. ¿Se abrá acordado de mí? te preguntas. ¿Tendrás ganas de verme? piensas. Sigues con tus preguntas. Esperando un respuesta. Intentas ser positivo. Seguro que se ha quedado sin batería, te repites una y otra vez. Ya sin ilusión alguna dejas el móvil sobre la mesita, vuelves a darte media vuelta e intentas dejar tu mente en blanco esperando a que el sueño venga a por ti. Parece que hayan pasado tres días desde la última vez que miraste la hora y sólo han sido quince minutos. Quince largos y desesperantes minutos. Vuelven las preguntas. Vuelve la angustia de no obtener respuesta. Alcanzas otra vez el móvil y escribes un mensaje que sabes que no mandarás. Un mensaje que después de escrito borraras. Tienes miedo. Ganas de un abrazo. Ganas de un día juntos. De un beso tonto en la mejilla. Ganas de un beso robado. Ganas de sentirte querido. Tienes ganas de querer, pero sobre todo tienes ganas de sentite querido. Poco a poco ese positivo sentimiento hace que ese tono grisáceo de la habitación vaya adquiriendo su verdadero color. Y así pasan las horas. Sin una respuesta. Sin una muestra de afecto. Sin nada. En silencio.
De pronto sientes los primeros rayos de sol entrando tímidamente por la ventana. Dulcemente te despiertas. Te mueves de un lado al otro de la cama. Te encanta ese momento. Algo te extraña. Tropiezas con tu móvil, y tienes la sensación de haberlo vivido antes. Taciturno lo miras extrañado cuando al ver que tienes un mensaje nuevo se te ilumina la cara de oreja a oreja. 'Buenas noches imbécil'. Entonces piensas, haces memoria. Todo había sido un sueño. Una pesadilla.
Una disparatada ilusión de tu paranóica mente.

IV

De un sueño profundo mientras estás consciente te despiertas, miras a tu alrededor. Aturdido. Confuso. Miras uno de tus relojes. Tienes uno para ocasión. Uno para estado de ánimo. Hoy te has puesto ese. Ese que tantas otras veces te ha acompañado, que guarda secretos, que marcó la hora de los momentos más tristes, de los momentos felices. Taciturno te incorporas y te vas despertando poco a poco. Vuelves a la realidad. Sales de ese mundo imaginario que con esmero has creado, al que cuando no puede más evades. Grande, inmensamente grande, con cabida para todo lo que puedas imaginar. Libre, sin fronteras ni prejuicios. Alegre, donde están prohibidas las caras tristes, siempre alegre, pero totalmente idealizado. Sueñas. Te imaginas viviendo algún día en un sitio así. Sabes que si de verdad tuvieses las fuerzas y el valor lo harías. Pero no lo haces, te proteges así de inseguridad. No te atreves. No das el paso por miedo. Miedo. Tienes miedo, mucho miedo. Miedo a que no sea tan perfecto, miedo a que no sea tan grande, que no sea tan libre, miedo a que no todas las caras tristes estén prohibidas. Miedo a que una tormenta de verano descargue en él toda su ira, destruyendo así las anheladas ilusiones que sostenían los pilares de tu perfecto mundo paralelo.
Terminas de soñar despierto y te das cuenta de que hoy no es el día para ese reloj. No estás preparado para tantas emociones juntas. Lo dejas en su caja y coges otro. Un reloj moderno. Nuevo. Uno que nunca antes te habías puesto. Es un reloj llamativo, de acero, representa tu fortaleza. Justo terminas de abrochártelo y empiezas a verlo todo de un modo diferente. Cofianza. Cofianza, es lo que te aporta. Sientes como si empezases a olvidarte de lo superfluo de la vida, de tus miedos, de las inseguridades... Sí. Ese reloj tiene algo. Entonces, ¿por qué no lo usas siempre? Porqué si sabes que con sólo una tonta sonrisa puedes alegrarle el día a alguien dejas de hacerlo. ¿Por qué? Porqué no empiezas a vivir tu vida como si no hubiese un mañana, como a ti te gustaría vivirla... ¿Por qué no?

III

Recuerdos. Recuerdos latentes, aún presentes. Noches por llegar. Cuadros. Cuadros sin pintar, vacíos, que esperan inspiración para así llenarse de color. Silencio. Gritos de dolor que piden ayuda, enmascarados en una perfecta sonrisa. Unos ojos que pretenden hablar, decir lo que sienten. Ansias de libertad reprimidas, condenadas a no ser expresadas. Imágenes recogidas en la memoria. Imágenes que el tiempo no conseguirá borrar. Pequeños momentos de complicidad. Segundos detenidos en el tiempo. Segundos de momentos que quedarán en el recuerdo. Segundos de noches que aún están por llegar, de cuadros por pintar. Segundos detenidos en el silencio, complices de él. Segundos de felicidad fingidos en una perfecta y forzada sonrisa. Pequeños momentos en los que una mirada desvela lo que realmente esconde por un segundo. Recuerdos en segundos. Segundos en los que fugaces imágenes de recuerdos inundan mis retinas con pequeños getos de complicidad. Momentos detenidos por segundos en el tiempo.
Momentos.

II

Un día te levantas, y al verte reflejado en el espejo te preguntas, ¿qué estoy haciendo mal?, ¿qué es lo que falla?, pero por más que piensas no consigues encontrar una explicación razonable que no te haga sentir peor aún.
Piensas. No paras de pensar. Sabes que no es bueno torturarte así, pero sigues haciéndolo, crees que solucionarás algo, haciéndote cada vez más daño, pero lo haces de tal manera que nadie se percata de tu dolor, tu incertidumbre, tus dudas, tus miedos. Sí, eres un buen actor, pero ¿de qué te sirve?. No sabes interpretar tu vida. No sabes darle sentimiento, ponerle pasión. No sabes ser tú mismo, sólo intentas ser lo que los demás quieren ver en tí. Pero te equivocas, no sólo no eres lo que los demás quieren ver, sino que tampoco eres como a tí te gustaría ser, cada vez te apartas más de tu ideal. ¿Por qué?, tal vez miedo, inseguridad disimulada, falsa felicidad enmascarada. Nada de lo que antes de ayudaba a desahogarte lo consigue ahora, ya nada puede ayudarte, sólo tú puedes.
Tú debes dar el paso. Inténtalo. No tengas miedo.
Sé valiente. Sé tú mismo.

I

Despierta. Abre tus ojos. No dejes que te engañen, no, ni un momento más.
No acumules más ese dolor... así sólo conseguirás más noches en vela. No dejes que nada ni nadie te pare. No permitas que nadie te mire fijamente a los ojos, tampoco has de volver tu vista atrás. No cometas los mismos errores, debes aprender de ellos.
No vuelvas a sentir el miedo, no debe asustarte fallar. No creas nada de lo que la gente te diga... quien te quiera de verdad no te lo dirá, estará ahí preparado para ayudarte cuando te caigas.
No pienses. No dejes de escuchar esa canción o tus intentos serán en vano, el recuerdo no se irá tan fácilmente . No evites esos lugares. Tampoco evites llorar. No releas mensajes esos viejos mensajes cargados de empalagosas frases de amor, martirizarte no cambiará nada. No pierda segundos de tu tiempo pensando en alguien que duda al recordar tu nombre. No lo hagas

No seas estúpido. Sé feliz.